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El gran domo cubría toda la tierra. Eterna noche se vivía entre días artificiales. El que viera la Tierra ahora desde el espacio vería una inmensa esfera de metal con varias bocas que abren y cierran una o dos veces al mes: cuando traen víveres de las fincas en Marte o cuando están probándolas. Las colonias de la Luna, escapando hacia la Tierra serían botín de varios piratas que se establecieron para vandalizar o para vender titanio robado de los ya abandonados procesadores de atmósfera. El domo se había construido hace diez años por las siete multinacionales que gobiernan al mundo: Mercerik 8000, DMP, Lietchen Bugatti, Macalpine Ferr, Wismear Automatic, MECO y Ostorim Bolkov. Ellas se anunciaban como las salvadoras de la humanidad, pero muchos de los que conocemos este negocio sabemos que lo que había detrás de todo era el poder. Las inversiones que las compañías tenían en la Tierra valían mucho más que las de las colonias en Marte, las minas de Mercurio y los mercados de la Luna. Así, que era muy provechoso, según análisis de costo y beneficio, el crear el domo para salvaguardar las inversiones y los seres humanos, la fuerza trabajadora.

La Sociedad Anti-Esclavitud había puesto en vigor el no utilizar simios para trabajar en el domo. Las compañías controlaban todo y pudieron irse por encima de la Sociedad Anti-Esclavitud. Los simios que se utilizaban eran criados en laboratorios y ambientes controlados. Sus habilidades motoras eran finamente corregidas y su capacidad auditiva era mejorada para que entendieran el habla. A todos se le implantaba en la cabeza un periferal creado por la CyberBio Co. en el que varios cubos de células eran implantados con programación de inteligencia artificial. Los simios eran dóciles si se les trataba como humanos y no se abusaba de ellos. Ese en muchos de los casos, no era el caso. MECO por ejemplo, en el área sur, maltrataba a los simios haciéndolos trabajar más de 15 horas por una miseria. Las Naciones Unidas declararon la utilización de simios para el trabajo como un delito que conllevaba unas sanciones altas. El análisis de costo y beneficio que hicieron las multinacionales entre el pago de la multa vs. el nivel de producción de los simios fue tal que terminaron utilizando los simios y pagando la multa. Ya en la última etapa del domo, las multinacionales anunciaron que no iban a utilizar más simios para la construcción. Esto tuvo mucha aceptación de parte de mucha gente. Ya los simios no eran productivos pues tenían robots que les rendían mucho mejor que las personas y que los simios. Trabajaban 24 horas al día 7 días de la semana, sin comer, ni dormir.

El gran domo se había contruido para defendernos. Se estimó que para diciembre del año entrante ocurriría una tormenta solar que acabaría con la tierra. El sol iba a entrar en una nueva fase evolutiva y con él miles de rayos cósmicos ponían en peligro la vida de los terrestres. Morovis Alguant creó hace dos años los procesadores de atmósfera y aire que suplantaban los multiplicadores de población selvática. Es triste y exótico ver una hoja verde en estos tiempos. Si la ves, se encuentra en las granjas de caucho y madera de algunas de las corporaciones o en un pequeño espacio de una pulgada dentro de un compresor de materia, un bosque como el antiguo Amazonas. Los compresores de materia sólo estaban disponibles para aquellos que podían pagarlo. Qué diablos, en menos de 10 años estarán accesibles al público. El procesador de atmósfera de Alguant, en comparación con los multiplicadores de población selvática, producía 200 veces más oxígeno que el que producían 5 árboles y ocupaba menos espacio. Esto fue una solución que ayudó mucho al problema de contaminación heredado de décadas pasadas.

Un grupo de humanos mutados predijo que la tormenta solar nos desviaría de nuestra órbita y nos lanzaría al espacio sideral. Los mutantes eran personas que sobrevivieron a desastres por contaminación radioactiva. Recuerdo que en la oficina del centro de mando de la operación DOMO (un centro de investigaciones de largos telescopios y holopantallas que presentaban la información), Naua dijo en su lenguaje: "Kabul manduga michu nico mansuagi balah". Nadie lo entendió en esos momentos y nadie le hizo mucho caso. Los científicos seguían trabajando, pendientes todo el tiempo a los cambios exabruptos del sol. El indio molesto dijo: "Ochagua" . Nadie le hacía caso. El sol se abrió y comenzó a freírse. Piedras de fuego, aros bellísimos y lenguas calientes brincaban de la achicharrante masa en fusión. Entonces fue cuando el DOMO se encendió. Siete minutos antes dejaron el sol, pero ya estaban aquí. No obstante el indio, seguía hablando en su lengua. El calor penetró en la Tierra y todo comenzó a arder. El sudor bajaba por la frente del indio, los mutantes, los simios, los desempleados, los grandes ejecutivos. Pánico y la gente corría de un lado a otro. Los únicos que no gritaban, no sudaban, no se alarmaban eran los robots que seguían trabajando 24 horas 7 días sin importarles nada. El indio trató de decir algo y sólo un muchacho pudo entender lo que había dicho: “La coraza es de piedra, pero adentro es como paja”.