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Después de llevar la carta al correo, se dirigió a la plaza. Se sentó en su banco preferido. Recogió un papel del piso. Sacó el lápiz de su bolsillo y comenzó a escribir.

"San Juan, Puerto Rico, 8 de marso de 1947

Querida bieja:

Como ehtah? Aca yo ehtoy regulal por no decir que mal. Ehto no eh como yo creia. Pense que todo iva a ser mejol por aca. Ehto no es asi como lo pintan. Aqui naiden ayuda a naiden. Fijese que aun no consigo trabajo, ni casa aonde dormil. Quisiera ehtal con uste. Si consigo dinero pa regresal, la vere pronto.

La quiere,

Juan."

Cuando terminó de escribir, una lágrima rodó por su mejilla. Recordó con pesar que ya había enviado la otra carta que decía lo contrario a ésta. Se avergonzó y rompió el papel en pedazos. Se acostó en el banco. Se arropó como pudo con un periódico que encontró en el zafacón. Al caer la noche, sintió la soledad terrible de la ciudad y pensó en voz alta:

—La ciudad, tierra de las oportunidadeh, ¡que va! ¡Si claro! ¡Como no!

Sintió el sol despiadado en su cara. Escuchó una voz conocida y al abrir los ojos, vió el rostro de su madre iluminado por el sol. Se quedó mudo!

—Disculpe, señor, ehtoy buscando a Juan. Verá, eh mi hijo y le a ido muy bien aqui en la ciudad, a según me dijo en su carta. Poe eso vine a verlo. Uste tiene que conocerlo…

No podía hablar. Nunca imaginó que su madre no lo reconociera. Estaba tan sucio y haraposo. Su barba estaba larga, el bigote se unía a ésta. Su pelo enmarañado le caía en la cara.Vio a la mujer alejarse de él, preguntando a todo el mundo que pasaba por allí por su hijo Juan. Al hablar de su hijo se le iluminaba el rostro, pero nadie le podía ayudar. Vio su rostro entristecido y desesperado. Quiso gritarle:

—¡¡¡Madre, peldóneme pol mentil-le!!! ¡¡¡Yo soy su hijo Juan…!!!!

De pronto… Se escucharon unos gritos y risas. Eran unos niños que correteaban una pelota por la plaza. Aún estaba acostado en aquel banco… se dió cuenta de que todo había sido un sueño. Mejor dicho, una pesadilla. Se sentó en el banco, pero aún recordaba el rostro entristecido de su madre.

—¿Y si ella decide venil a velme? ¿Y si se entera de que todo lo que le dije en la carta era mentira?…— Dijo con gran amargura.

Salió corriendo para el correo. Tropezó con el cartero y le preguntó si le podía devolver la carta.

—La carta ya salió, llegará en dos o tres días…— Le contestó el cartero. —Si consigo llegal primero que la carta, la romperé y le diré a mamá la verdad. Eso es…— balbuceaba entre dientes. —Regresaré a casa. Trabajaré con dignidah. ¡¡¡Cultivaré la tierra!!! ¡¡¡Esa eh la única carta que me queda!!!


Elizabeth Pereira Pérez
Tercer Premio
Certamen Literario
Semana de la Lengua
1999