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Hasta hace poco lo que conocía de Cannibal-Caliban eran más bien datos recopilados de los diversos comentarios que mi profesora de español con gran entusiasmo describía sobre escenas de la obra, pero por mi parte no lograba concretar una imagen exacta de la misma. Tuve la oportunidad de estar presente en la conferencia Arte, música, caníbales y calíbanes a cargo del profesor de música Manuel Ceide, quien fuera invitado para trabajar en conjunto con la clase ya que es un compositor innovador de música contemporánea. Al comienzo fui elegida para formar parte de los seis integrantes, entre ellos tres mujeres y tres hombres. Ocupamos el escenario imaginario mientras el director pacientemente daba las instrucciones a seguir. Lo esencial fue comprender que cada bloque del 1 al 10 estaba compuesto por gestos y sonidos. Teniendo esto en mente comenzó la actuación y mientras la dinámica surgía, mi mente iba evaluando lo que allí pasaba. Fue genial ver cómo el público se integraba y confiaba gradualmente en el proceso de introducirlos en la actuación hasta llegar a transformarlos de alguna manera. Entre la extraordinaria unión de música y teatro se logró provocar diferentes emociones en cada uno de los receptores que en cierto momento también se convirtieron en emisores, resaltando sobretodo el arte del teatro interior de cada personalidad. Aunque mi mente analizaba todo esto, yo intentaba mantener cierto autocontrol y compostura para continuar trabajando con las diversas reacciones del público. Sin embargo, fue una experiencia única que disfruté enormemente. Por todas las razones anteriormente mencionadas es que decidí llamar a esta crónica personal Mi experiencia ante la magia de Cannibal-Caliban, ya que esa magia puede producir varias impresiones ante la incertidumbre de qué sucederá, y las mismas son mayormente asombrosas al igual que mi experiencia con la actividad.


Reflexión personal

Cannibal-Caliban ¡Ay! ¿Pero qué es eso? Suena como si allí se fuesen a comer unos a otros vivos. Mejor deja eso, porque el día está muy bueno como para morirse. ¡Oye! ¿Para dónde vas? Ya sé, como siempre me dejas a un lado y le das paso a la disposición y a ese sentidito de responsabilidad. ¿Acaso no has oído a los demás? No quieren ir allá y no van y ya está. ¡Ahhh! Mira este salón como está de vacío, lo que falta es que te escojan para hacer ese revolú. ¿Qué oigo? ¡Ahí está! Te llamaron a participar. ¿No te da verguenza? Vas a estar haciendo muecas ahí en frente como los payasos. ¡Mira pa'llá!, haciendo morisquetas con las cejas, entre alegre y triste sin motivo y esa posturita arrogante te queda pésima. ¿Estás loca? ¡Deja eso! Por ahí van a malinterpretar esos gestos sexy; mejor ponte a girar el cuello para que liberes las tensiones que te estoy poniendo. Ese gritito silencioso te queda como si te estuviesen ahorcando y con los movimientos de lado a lado y sube y baja de cejas pareces una mona. Pero, ¿qué más da? ¿Ya sabes quién soy? Yo soy tu sub-conciente negativo, el que se disfraza de diferentes formas para cohibirte de ser tu misma y aún así no te pude ganar. Como dije antes, contigo siempre pierdo.



Jazmín Ocasio Díaz



Partitura de Cannibal-Caliban
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