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Recuerdo que fue una fría noche de septiembre. Sólo podía escuchar el pacífico silencio de una ciudad detenida por completo. Trataba de leer a la luz de una vela, pero la ansiedad no me permitía leer, ni siquiera comer o dormir. Pensaba cómo los segundos que se iban, acercaban lentamente mi gran encuentro con la naturaleza, en su mayor expresión. Temía, pero jamás hubiera imaginado que una masa de destrucción no sería lo único que encontraría cuando Georges finalizará su visita a Puerto Rico.

Los vientos comenzaron a soplar a través de mis ventanas y de mis sentidos. El viento se llevó consigo la imagen que dejé afuera; ignoraba yo lo que encontraría al día siguiente y esa imagen era ahora como un papel en blanco.

Me levanté muy temprano y casi simultáneamente salí de mi hogar. Presencié la fuerza de Georges, pero fue unas semanas más tarde cuando escuché su voz, cuando encontré, en un país considerado como uno de los más estables de América, una pobreza que hasta ahora había permanecido escondida.

Cuando viajamos a través de los países de Centro y Suramérica, encontramos una notoria división de las clases sociales. Caminando por los suburbios de Caracas y la Ciudad de México, pensaba yo "pobre gente, gracias a Dios que en Puerto Rico, hasta el más pobre tiene una casa o por lo menos ayuda federal". Hoy veo que era erróneo mi pensar, que eso es lo que ellos quieren que pensemos: que todo está bien, que no hay pobreza en Puerto Rico. Y mientras alguien en el área metropolitana busca un estacionamiento en un super centro comercial, en las montañas una persona busca pedazos de zinc y madera para reconstruir su hogar.

Ellos quieren que permanezcamos con las gríngolas, mirando sólo hacia el progreso, hacia el lado reluciente de nuestro país. Quieren que impulsemos el capitalismo, que sigamos con el diario vivir porque "Georges ya pasó". Incluso quieren que vayamos a ejercer nuestro derecho de libre expresión este mes de diciembre al bajo costo de cuarenta millones de dólares y allí decidir cuál es la mejor forma de "status" para Puerto Rico, mientras en el interior de la isla, una familia decide qué rincón de un refugio será su hogar.

Son ellos los que una vez fueron elegidos para tomar las riendas de nuestro país. Aquellos políticos que el pueblo escogió porque los creyó capaces de reconocer cuáles son las prioridades en un momento de crisis. Los miembros de los partidos tradicionales, que todo lo observan desde una óptica materialista piensan que este es el momento perfecto para destacar y ensalzar todas las ayudas federales que se recibieron tras el paso de Georges. Insisten en que ese ingreso económico es una prueba de que una relación colonial con los Estados Unidos es vital para Puerto Rico. Mientras, la oposición aclama que este no es suficiente para comprar nuesta libertad. ¡Triste pero cierto! Así es la política en Puerto Rico. Un pueblo permanece dividido en tres sectores, estancándose el progreso del país. Este pueblo cuyos políticos se han lanzado en busca de votos en lugar de buscar soluciones a la secuela de problemas que dejó Georges; en lugar de planificar y tomar medidas para prevenir que se repitan en un futuro los errores del presente.

Georges vino para despertarnos de esa fantasía del Puerto Rico perfecto y para hacernos ver que hay mucho trabajo por hacer. Llegó para hacernos mirar por la ventana y ser solidarios. El viento suspiró: "abre tus ojos Puerto Rico". Ahora que los hemos hecho, abrimos las puertas de nuestros corazones; comenzamos a ser conscientes de la realidad, nos preparamos para recuperarnos. Georges llegó para enseñarnos que en la unión está la fuerza, y una vez despiertos podemos ver este llamado de la Naturaleza como un regalo, una valiosa lección.



Neiset Bayouth
Segundo Premio Ensayo
Certamen Literario
Semana de la Lengua
1999



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