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El Diccionario Manual Espasa-Calpe define al teatro como un edificio o sitio destinado a la representación de espectáculos, un conjunto de obras dramáticas, un escenario, profesión de actor, lugar en que ocurre un acontecimiento, lugar en que se halla expuesta una cosa y el arte de componer o representar obras dramáticas. El teatro es una forma de entretenimiento educativo que presenta temas de la vida real o imágenes formadas por la fantasía.

En este caso, en particular, menciono al teatro de la mente (en la música) y teatro bajo la arena (en el drama). En ambos exísten varias similitudes en lo que concierne a la propuesta estética que exponen. En la conferencia "Hablemos de música: teatro de la mente en el Barroco, teatro de la mente en el siglo XX" 1 , de la que fui partícipe, el profesor Manuel Ceide Vázquez relaciona al teatro de la mente con su obra "Milton no existe", ya que es una música difícil de entender, sin embargo no hay nada que entender, es más algo a crear, en la que los intérpretes forman parte incial y el resto lo termina el/la oyente. La actitud activa del receptor(a) es muy importante, ya que el teatro de la mente es un teatro interno que, en palabras del compositor, se basa en distintos elementos regados que en la mente del oyente se unen y tienen significado para él mismo. Al escuchar la música, los instrumentos, el receptor o receptora desarrolla en su mente un teatro o acción que involucra algún sentimiento percibido en el momento. Depende del estado de ánimo en el presente y la historia del pasado del oyente para entender o captar el mensaje. En el teatro de la mente el protagonista es el/la receptor(a) quien también actúa como co-creador, o sea, que el oyente es el punto vital al recibir el mensaje.

Al presenciar El público bajo la dirección de Victoria Espinosa 2 , quien se identifica mucho con García Lorca y crea un estilo único de su obra surrealista, logré entablar mis propias conclusiones con respecto a unas escenas confusas como la constante discusión entre las figuras de Cascabeles y Pámpanos que presentaban un tema o una verdad de forma abstracta y la elaboración de sepulcros donde se escondía la verdad:

Pámpanos (Angustiado):
—¿Dónde vas? ¿Dónde vas?

Cascabeles:
—¿No deseas que me vaya?

Pámpanos (Con voz débil):
—No, no te vayas, ¿y si yo me convirtiera en granito de arena?

Cascabeles:
—Yo me convertiría en látigo.

Pámpanos:
—¿Y si yo me convirtiera en una bolsa de huevas pequeñitas?

Cascabeles:
—Yo me convertiría en otro látigo. Un látigo hecho con cuerdas de guitarra.

Pámpanos:
—¡No me azotes!

Cascabeles:
—Un látigo hecho con maromas de barco.

Pámpanos:
—¡No me golpees el vientre!

Cascabeles:
—Un látigo hecho con los estambres de una orquídea.

Pámpanos:
—¡Acabarás por dejarme ciego!


En el diálogo anterior, las figuras de Pámpanos y Cascables personifican a Gonzalo y al Autor o Director, respectivamente. Gonzalo es el personaje más puro y el director es el dominante. En el pasaje entre Cascabeles y Pámpanos, la figura de Pámpanos era fuerte y hostil luego hubo un contraste en el que se intercambiaron los papeles y Cascabeles se transformó en el ser hostil, al decir: "Yo soy un hombre más hombre que Adán". Estas escenas llevan al receptor(a) a través de la trama argumental que se basa en la perspectiva sujeta a la imaginación de esta persona que va a formar parte en la obra y que influye en el final de la misma.

En El público de García Lorca, perteneciente al teatro bajo la arena, se invita al receptor(a) a fantasear, a argumentar, a co-crear la obra igual que en el teatro de la mente. Los desdoblamientos, los sueños y las pesadillas se repiten tanto en la obra "Milton no existe" de Manuel Ceide Váquez como en El público. Ambas obras promueven la búsqueda de una verdad que solo el/la receptor(a) encontrará en su interior y que, cuando lo logre, la sociedad tendrá una idea contraria a la de el/la receptor(a). Además, estas piezas artísticas, como bien mencionara el profesor Ceide en su propuesta estética de teatro de la mente en el Siglo XX, están estructuradas sobre un texto compuesto por figuras relacionadas con los sentimientos de denuncia, melancolía, encantamiento, desesperanza, rebeldía, esperanza y amor. Lorca utiliza fragmentaciones de las obras de Shakespeare, "Una noche de verano" y "Romeo y Julieta" en El público. Igualmente Ceide utiliza varias citas de John Milton y de Julio Cortázar en "Milton no existe". En ambos casos, autor y compositor, al hilvanar estos referentes literarios también invitan a ampliar e intercambiar la fantasía en sus respectivas obras.

Mi punto de vista coincide con la propuesta estética de ambas obras. En el caso de "Milton no existe", mis sentimientos coincidieron con los del autor, ya que logré comprenderla y sentirla. Aunque no fui testigo ocular de la obra "Milton no existe", el haber sido testigo oyente causó en mi una motivación y una fantasía que me ayudó a imaginar una acción escénica, en la cual el autor trataba de investigar quién era Milton y la cantante era quien lo guiaba en su búsqueda. El tono bajo de los instrumentos del piano y del bajo eléctrico convocan, en mi caso, sentimientos de suspenso, temor (de llevarse una sorpresa al saber quién es Milton), desilusión, desorientación, soledad y persecusión. Cuando la cantante expresaba en tono alto: "Corre, corre, corre…" y "Milton no existe". There's no paradise, no lost…" presumo que lo hacía para presionar y dirigir al autor a donde Milton se encontraba, aunque repetía una y otra vez que: "Milton no existe".

Encuentro que las obras El público y "Milton no existe" animan al individuo o receptor(a) a ser creativos y encontrar en sí mismos la respuesta de una historia que no presenta final.



Caren B. Torres Vázquez


NOTAS
  1. Universidad de Puerto Rico Bayamón,
    1ro de diciembre de 1999.
    (vuelta al texto)

  2. Teatro del Parque Santurce,
    15 de octubre de 1999.
    (vuelta al texto)


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Foto García Lorca, 1924.

Foto representación de 'El público', 1978.

Foto García Lorca, 1932.