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Nadie habla, nadie escucha,
mentes agonizantes y tertulia.
La tierra canta y el soñador vive,
las tiernas tardes de abril reviven.
Una estancia cómoda y febril,
piel y seda acomodan mi cojín.
Tierra y basura al suelo;
leones danzantes que rugen en el cielo.
Tensión en mis ojos, esperando por demás
al momento que a mi bolígrafo se acabe la tinta ya.

Sonidos de carrera,
muchedumbre, un ídolo de plena.
Cántico suave, dulce y deseable;
cristal en llave, mi amor regresa que ya es tarde.
Doce del medio día,
mente hambrienta y como pero no de día.
Gabetes perdidos, suelas sin rechinar,
papel volando, luces de sala en mi estar,
poema perdido, líricas sin esperar,
calor en mi frente y sudo sin pensar
ardor de labios y fuego por acá
mi amor no espera mi impaciente intranquilidad
homófona ya es mi vida
y todos hablan de sus sueños y rutina.

Quizás si fuera un conjugado
no sería algo sino un vago
losetas llanas en un cuadro
madera seca de retrato.
Quince onzas de azúcar y miel
dos gotas de agua en mi ser
blanca de alba y roja de sangrar
vida extranjera sin pasaje de regresar
y para este algo que no es nada
es mi canción de este poema sin alas.


Sergio R. Cardona Pérez-Lucía