Antoñito el del Hospicio
sueña un ángel de candor,
soles de cristal y oro
envuelven la aparición.
Inclina el oído y oye
el mensaje de la voz
y al lirio de su purera
lo tornasola el rubor.
La Palabra se hace Carne
que muere de sed y amor;
la boca que el niño ofrece,
nieve que arde y pasión.
Una espada le penetra
honda y dulce transfixión,
el zagal responde fiat
a la azul anunciación.
Antoñito el del milagro
mira al ángel del Señor:
una rosa de agua y fuego
le brota del corazón.